Por: Oscar Clériga

Las lágrimas de Misha siguen presentes en la memoria olímpica, el oso pardo, símbolo nacional de Rusia que lloró en la Ceremonia de Clausura de los Juegos Olímpicos celebrados en Moscú, imagen que enmarcó los juegos de la XXII Olimpiada desarrollados del 19 de julio al 3 de agosto.

Lamentablemente se trata de unos Juegos recordados por el boicot de los Estados Unidos, en estos juegos influyó la situación política mundial. Moscú era la capital de la Unión Soviética (URSS), el país más grande del mundo y junto a los Estados Unidos las dos potencias en términos económicos y políticos.

Además el socialismo era la oposición al capitalismo, estados que llevaban enfrentados varias décadas, ese choque sociocultural impactó a los Juegos Olímpicos, debido a la denominada Guerra Fría.

¿Cuál fue la razón por la cuál no participó Estados Unidos?, el argumento fue la presencia militar Soviética en Afganistán, era una invasión y violaba el derecho internacional; por ello el presidente Jimmy Carter, decidió que su país no asistiera a los Juegos e incluso amenazó a sus propios atletas con revocar el pasaporte a quien intentara participar.

En el terreno estrictamente deportivo el boicot tuvo como consecuencia una disminución del nivel en atletismo, sobre todo en pruebas de velocidad.

Más allá de eso merece la pena destacar al etíope Mirus Yifter quien logró el doble oro en 5.000 y 10.000 metros. En la maratón, el alemán Waldemar Cierpinski revalidó su título.

Moscu 1980 es la cúspide en la carrera de Sebastian Coe, en un duelo vistoso en el medio fondo con Steve Ovett.

En otras sedes también hay historias agradables, el boxeador Teófilo Stevenson igualó a Laszlo Papp tras ganar su tercer oro consecutivo, pero a diferencia del húngaro, el cubano lo hizo en la misma categoría y se convirtió en el primero en lograrlo.

En gimnasia artística, la rumana Nadia Comaneci seguía cosechando medallas e incrementando su legado.

Por último se debe destacar al gran héroe de la natación, Vladimir Salnikov, con tres oros, dos récords mundiales y al convertirse en el primer ser humano en romper la barrera de los quince minutos en la prueba de 1,500m.

Todos los éxitos a lo largo de los Juegos Olímpicos de 1980 tendrán la tela de juicio de que se hicieron sin la presencia de los atletas estadounidenses, pero de eso, no tienen la culpa los participantes en Moscú. Una medalla de oro, plata o bronce es una presea olímpica en las manos de un atleta ganador al iniciar la década de los años ochenta.