Con 1.88 metros de estatura. Pesando poco más de 110 kilogramos. Es una descripción de un hombre gigante, que posee una fuerza sobrehumana y que con ese portento físico ha deslumbrado a todo México en el Lanzamiento de martillo.

Diego del Real es el máximo exponente mexicano en las pruebas de campo. En Río 2016, estuvo cerca de consagrarse como un mito del deporte azteca.

Alcanzó la final de la prueba, algo que ningún compatriota suyo había conseguido. En su tercer lanzamiento, con ese grito de guerra tan peculiar y agresivo que tiene,  alcanzó una distancia de 76.05 metros. En ese momento era segundo lugar.

Parecía que una medalla era inminente para el oriundo de Monterrey. Sin embargo avanzaban las rondas y el bielorruso, Ivan Tsikhan lo superó y en el último intento el polaco Wojciech Nowicki, lo rebasó. Le quitó una medalla que parecía segura.

Aun así, fue un hecho histórico para su país. Diego del Real puso el nombre de México en lo más alto. La preparación del atleta regiomontano continúa, su meta está en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020, quiere romper la barrera de los 80 metros y por supuesto conseguir una presea que lo ubique como un Dios del Olimpo.