Por: Oscar Clériga

Paris 1900
Juegos Olímpicos | IOC

La Villa Olímpica de los Juegos en Tokyo 1964 se sintió como una comunidad en gran medida por uno de los recuerdos perdurables de la experiencia de los atletas: la disponibilidad de bicicletas en toda la Villa. 

El Comité Organizador negoció con la marca Marukin Bicycle Manufacturing y Matsushita Electric Industrial la donación de bicicletas para la movilidad en todas partes de la Villa. Eso sí, nadie era propietario de la bicicleta; al contrario, todas eran para todos. El concepto era utilizarla para el traslado y dejarla en el punto final del mismo para que alguien más la viera y pudiera utilizarla. 

Muchos atletas simpatizaron con este concepto de bicicletas para todos, sobre todo por lo espectacular, la limpieza, la moda y el orden que le brindó a la Villa. 

Se proporcionaron 750 bicicletas nuevas, lo que hizo que simplemente siempre se encontrara una libre para ir a cualquier lugar, dejarla ahí y hacer un juego limpio para todos. 

Los horarios de los autobuses, los recorridos, las instalaciones para comer y entrenar dicen los testimonios fueron excelentes, sin escatimar medidas para que los atletas se sintieran como en casa. 

Las bicicletas anduvieron de los edificios de la Villa a las paradas de autobús, los comedores, los cines y los dormitorios. Existen muchos registros en libros y revistas de la época llenos de fotografías de atletas sonriendo y socializando en la Villa con sus bicicletas como acompañantes. 

El campeón olímpico de 5 mil metros, Bob Schul, compartió en su autobiografía, ‘In the Long Run’, que las bicicletas eran tan valiosas que algunos intentaban esconderlas en arbustos y otros lugares secretos. 

Aquí en nuestras Historias de Tokyo 1964, escribimos sobre el cuatro veces medallista de oro, Don Schollander, quien en diferentes ocasiones recordó en entrevistas, sus días sobre una bicicleta explicando la alegría que representaba trasladarse en ellas. 

Al final de los Juegos Olímpicos Tokyo 1964, la memoria de miles de atletas atesora ese singular momento de pasear por la Villa sobre una bicicleta.