Por: Oscar Clériga

Competencia entre Anton Geesink y Akio Kaminaga en Tokyo 1964 | AP
Competencia entre Anton Geesink y Akio Kaminaga en Tokyo 1964 | AP

Era viernes 23 de octubre de 1964, la arena Nippon Budokan estaba llena, Japón soñaba con ese día, colgarse el oro olímpico en judo. Pero conocemos la historia, un holandés lapidó el penúltimo día de los Juegos Olímpicos de Tokyo 1964.

A pesar de que tres judokas japoneses, Takehide Nakatani, Isao Okano e Isao Inokuma ya se habían llevado el oro en las tres primeras categorias durante los tres días anteriores, la medalla más esperada era en peso completo con Akio Kaminaga, aunque el holandés Anton Geesink le quitó el sueño.

Geesink, derrotando a Kaminaga se convirtió en drama, la tarde más triste en la historia del deporte japones.

Anton Geesink
Anton Geesink | AP

Pero a unos 13 kilómetros al suroeste de la arena Nippon Budokan, el equipo de voleibol femenil se preparaba para su final en el gimnasio de Komazawa. Ellas a diferencia de Kaminaga no eran favoritas, eran marcadas como víctimas ante la potencia de la URSS.

La atmósfera no era la mejor, Geesink acababa de hundir a Kaminaga, junto a las esperanzas de Japón de barrer el oro en el deporte nacional, ese que pidieron se incluyera en los Juegos Olímpicos.

Hirobumi Daimatsu, entrenador del equipo de voleibol, cuenta la historia que tomó la derrota en judo para terminar de motivar a su equipo. Dejando en claro que no importa la fuerza y el tamaño del rival, la URSS tenia un equipo mucho más alto y fuerte que el de Japón.

Daimatsu y sus jugadoras dieron cátedra de velocidad, técnica y coraje; dejando atrás el drama en el judo, para explotar en júbilo por el voleibol y la conquista del oro. Sin duda una enorme alegría para la nación. Japón derrotó a la Unión Soviética en sets seguidos: 15-11, 15-8 y 15-13.

Ese viernes Japón volvió a mostrar que es una nación renacida y líder mundial.