Por: Oscar Clériga

Elizabeth Cuthbert
También conocida como Betty Cuthbert | Oympics.com

Elizabeth Cuthbert irrumpió en escena con tres impresionantes e inesperadas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Es ahí donde inicia su historia en el máximo evento, en ese entonces era relativamente desconocida. En ese momento, su hazaña se vio ensombrecida por Shirley Strickland y Marlene Mathews, quienes eran los prospectos más importantes en los Juegos.

El mundo se sorprendió al ver a la delgada y rubia de 18 años correr delante de todas y ganar el oro en los 100m, 200m y en el relevo 4X100m, con un estilo desgarbado y con la boca abierta.

Pero al final de los Juegos, la ‘chica dorada’ era un nombre familiar, al grado de pasar de Elizabeth a Betty Cuthbert gracias al cariño de los aficionados.

La gente esperaba grandes cosas de Betty en 1960 en los Juegos Olímpicos de Roma, pero se rompió el tendón de la corva durante las eliminatorias, fue tal la decepción que se retiró del deporte y se fue a trabajar a la guardería de su padre. Parecía que el mundo del atletismo había visto lo último de la ‘chica dorada’ de Ermington, Australia.

Como todas las grandes leyendas del deporte, Cuthbert escribió un nuevo capítulo de su historia. En 1964, contra todo pronóstico, ganó su lugar en el equipo olímpico australiano y continuó preparándose para los Juegos Olímpicos en Tokio, mismos que confirmaron su condición de verdadera campeona.

Desde 1962 parecía estar volviendo a la forma física de su esplendor, ganando el oro en los Empire Games de 1962 en Perth. Sin embargo, se dio cuenta de que sus días como velocista habían terminado, pero su determinación la llevó a probar suerte en los 400 metros a partir de 1963, prueba que se correría por primera vez en los Juegos Olímpicos, en Tokyo 1964.

Ganar el oro en Tokio fue la victoria más dulce de todas, su consagración en la vida; por ello a su regresó a casa anunció su retiro definitivo.

Betty Cutrhbert sigue siendo la única atleta en la historia en ganar el oro olímpico en los 100, 200 y 400 metros.

Su leyenda es muestra de valentía y determinación en el campo deportivo y en la vida, años más tarde cuando se trataba de su batalla contra la esclerosis múltiple mostró la misma grandeza y resiliencia.

Murió el seis de agosto de 2017 en Mandurah, Australia pero su nombre sigue vivo como uno de los grandes de todos los tiempos del atletismo australiano.