Por: Oscar Clériga

Estados Unidos en Juegos Olímpicos
Carr, doble medallista olímpico en la justa nipona

Fallecido en 2015 en Georgia, Estados Unidos víctima de cáncer a los 73 años de edad, Henry Carr es recordado como una superestrella en Detroit Northwestern, donde se ganó el sobrenombre de ‘El Fantasma Gris’. Sin duda, los Juegos Olímpicos de Tokyo 1964 fueron su momento cumbre donde ganó medalla de oro en los 200 metros planos y también en el equipo de relevos 4x400m.

Posteriormente, la memoria nos lleva a New York con los Giants donde Carr jugó como back defensivo durante tres temporadas (1965-67) hasta que una lesión en la rodilla terminó con su carrera en la NFL.

Desafortunadamente Henry, tras no poder vivir de su potencia física, comenzó con problemas después de una carrera en lo más alto. Vinieron horribles caídas, como el dejar a su familia y caer en el consumo de drogas después de los Juegos Olímpicos.

Pero los tropiezos lo llevaron a reinventarse, a crecer y eso lo llevó a que la memoria de la gente lo tenga como uno de sus ‘Gigantes de Oro’. Tal vez por que se casó con su novia de la secundaria, estableció récords mundiales y fue oro en los Juegos Olímpicos.

Tocó fondo en su regreso a Detroit tras no poder encontrar trabajo; pero subió de las profundidades y limpió su vida. Se reunió con su familia y encontró la paz profesando la fe como testigo de Jehová. En Georgia no olvidaran nunca cómo viajó a la zona rural para ayudar y ser testigo del poder de su fe.

Henry Carr encontró la paz y el éxito de una manera tan diferente a un campo de 100 yardas o a 200m en una pista. Su forma de maravillar a las nuevas generaciones y las personas que lo rodearon hasta el día de su muerte no fue por las dos medallas de oro, o por los tres años en la NFL; Henry no hablaba siquiera de esos momentos, como si no existieran, como si nunca hubieran ocurrido.

Henry sólo hablaba de la vida y sus valores hasta que su luz se apagó el 29 de mayo de 2015 en Griffin, Georgia.