Por: Oscar Clériga

Jigjigiin Mönkhbat
La leyenda de la lucha libre de Mongolia | theolympians

Por primera vez, Mongolia desfiló en una Ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, esto sucedió en Tokyo 1964, una justa donde otras 19 naciones también se unieron a la familia olímpica.

Nadie sospechaba que entre ellos caminaba una leyenda, un luchador llamado Jigjidiin Mönkhbat.

Los Juegos en Japón representaron el inicio de la leyenda, si bien Mönkhbat no pudo combatir por las medallas en Tokyo tras ser derribado un asalto antes de la ronda que brindaba metales 1964, se convertiría en un fenómeno a lo largo del siguiente ciclo olímpico.

Es por ello que el propio Mönkhbat reconoce que Tokyo 1964 fue un parte aguas para quien se convertiría en el primer medallista de Mongolia en la Ciudad de México en los Juegos Olímpicos de 1968.

Ganó la medalla de plata en la categoría de peso medio, Boris Mijáilovich Gurévich de la Unión Soviética fue el oro y Prodan Gardzhev de Bulgaria el bronce.

A la edad de 43 años, Mönkhbat tuvo un hijo, que creció en Ulan Bator y montaba caballos y pastoreaba ovejas en las estepas de Mongolia en los veranos. A la edad de 15 años, el hijo, Mönkhbatyn Davaajargal, se mudó para comenzar una vida en Japón y una carrera en el sumo.

Un golpe del destino para la familia, ya que en Japón y bajo el nombre de Hakuho se convirtió en una leyenda. Ningún luchador de sumo, japonés o no, ha ganado más campeonatos de sumo que Hakuho, treinta y tres.

Jigjigiin Mönkhbat cimentó su vida deportiva en Tokyo y Japón se convirtió en pilar de su vida personal a través de su hijo.