Por: Óscar Cleriga

Yoshinori Sakai
Yoshinori Sakai encendió el pebetero de Tokyo 1964 | Getty

Son las 8:15 a.m. en Hiroshima del 6 de agosto de 1945 Japón y Estados Unidos llevan cuatro años enfrentados en la Guerra del Pacífico, uno de los escenarios mayúsculos de la Segunda Guerra Mundial, el presidente Harry S. Truman había enviado un ultimátum contra los japoneses: “rendición incondicional o una destrucción rápida y absoluta” fueron las palabras pronunciadas once días atrás, el 26 de julio de 1945.

Regresemos sesenta segundos en el tiempo: Son las 8:14 a.m. en Hiroshima una ciudad que no ha sido bombardeada a lo largo de la Guerra, el bombardero B-29 llamado ‘Enola Gay’ pilotado por el coronel Pault Tibbets sobrevuela Hiroshima a 9.5 kilometros de altura, sesenta segundos después, libera la bomba ‘Little Boy’ que explota a unos 600 metros del suelo.

Una carga de 64 kilos de uranio 235, de los que se dice solo se fisionó el 1.4%, aun así, la explosión tuvo una fuerza equivalente a 15.000 toneladas de TNT, generando una ola de calor de más de 4.000 grados centígrados en un radio de 4.5 kilómetros.

Se cree que 100.000 personas murieron aquel día, dos tercios de los edificios de la ciudad, (60.000) quedaron reducidos a escombros. Hiroshima quedó devastada en un área de 10 kilómetros cuadrados.

Ese día Yoshinori Sakai nació, razón absoluta por la cual el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de 1964 determinó que el atleta de 19 años de edad fuera el encargado de encender el pebetero, en un claro símbolo de paz, en un claro mensaje de reconstrucción de progreso, de superación. Un grito fuerte de vida.

Sakai participó en los Juegos Asiáticos de 1966 celebrados en Bangkok ganando la medalla de oro en relevo 4×400 y otra medalla dorada más en los 400m planos; pero nunca compitió en unos Juegos Olímpicos.

Son las 8:15 p.m. en Hiroshima del 6 de Agosto de 1945 y Japón no se rindió.

Tres días después vino una segunda bomba y en septiembre la rendición de Japón. Este es uno de los recuentos de los primeros y hasta ahora únicos ataques con bombas nucleares de la historia.

La magnificencia de los Juegos Olímpicos va más allá de las pistas, los campos, las piscinas, el mensaje de amor a la vida es perene bajo el nombre de Yoshinori Sakai.