Por: Oscar Clériga

A sus 86 años de edad Larisa Latynina merece seguir siendo reconocida como la magnificencia olímpica, ganó 18 medallas en Juegos Olímpicos, solo la supera Michael Phelps. La colección en casa de Larisa son nueve oros, cinco platas y cuatro bronces, producto de su participación en los JJ.OO. de Melbourne 1956, Roma 1960 y Tokyo 1964.

Latynina inició en la gimnasia en las épocas donde el suelo para las gimnastas era aún de madera, la evolución la llevó a los pisos de alfombra fina aún sin la franja para amortiguar con la que se cuenta en la actualidad.

Traslademos el tiempo a 1956 en Melbourne, donde con 21 años de edad debutaba en la justa veraniega logrando seis medallas: cuatro de oro, una de plata y una de bronce. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) enloqueció con su multimedallista al grado que la premió con un automóvil pero sobre todo el no tener que pasar por lista de espera para tenerlo, ese fue el máximo beneficio por ganar seis medallas olímpicas.

Roma 1960 llegó, con una favorita, era Larisa. Una vez más la cuenta fueron seis medallas: tres de oro, dos de plata y una de bronce.

La historia nos lleva a Tokyo 1964 el climax de la historia pero al mismo tiempo al origen, nos lleva a la infancia de Larisa.

Japón debió esperar 24 años para ser sede de los Juegos, toda vez que en 1940 los conflictos bélicos le quitaron la posibilidad. Esos años para la pequeña Latynina tienen una marca aún más fuerte, la Segunda Guerra Mundial. Vivir en los sotanos, correr hacia ellos para salvar la vida mientras el estruendo de las bombas ensordecía.

En la batalla de Stalingrado el terror de la guerra llegó, era junio, los uniformes llegaron sobre motocicletas con insignias en forma de ‘S’; la mamá de Larisa la envió a Jerson, un pueblo pequeño a las afueras, mientras los soldados tomaban posesión, mamá llenaba de pan seco la mochila de su hija para que se fuera entre lágrimas.

Horribles recuerdos asaltan la memoria de Latynina, entrevistas, documentales, han dejado registro de esos años que no pasan, están ahí, la memoria los tiene registrados con la crueldad que supera al tiempo. Larisa perdió a su padre en esa batalla de Stalingrado. 

Es por ello que Tokyo 1964 trajo los recuerdos y sentimientos a flor de piel dando fuerza a la gimnasta, que siempre recuerda cuál fue y es, su refugio: la practica del ballet y gimnasia hacían que las imágenes de la guerra desaparecián.   

Seis medallas más en Juegos Olímpicos cuelgan del cuello de Larisa, se convirtió en la atleta con el mayor número de medallas olímpicas en la historia. De 1964 a 2012 nadie como ella. Insuperable hasta la llegada del ‘Tiburón de Baltimore’.

La Cortina de Hierro de la URSS indomable en aquella epoca hizo que la heroína del olimpo supiera de su leyenda hasta 1978, Larisa se enteró de que tenia la marca de medallas olímpicas hasta entonces, gracias a los Juegos Olímpicos de Moscu 1980.

Latynina trabajaba en el comité organizador y recibió por correo la copia de un artículo publicado en la antigua Checoslovaquia. En la lista el nombre de Larisa Latynina era el primero, la máxima ganadora de medallas, seguida por Paavo Nurmi en segundo sitio y Mark Spitz en tercero. 

Larisa dijo adiós a la gimnasia a la edad e 32 años en 1966 y en este 2021 con 86 años de edad sencilla como siempre destacó en entrevistas recientes en Rusia: “Los jóvenes no me conocen, no les interesa y lo entiendo ellos buscan sus leyendas como yo encontré en Nina Bocharova a la mia”. Nina ganó cuatro medallas en los Juegos de Helsinki 1952, falleció el 31 de agosto de 2020 en Roma, Italia.   

Simone Biles, la maravilla actual en la gimnasia, ostenta cinco medallas en Juegos Olímpcios, cuatro de oro y una de bronce, es decir 13 menos que Larisa, claro está que Biles va por sus segundos juegos en Tokyo 2020.

Nacida en Kherson, una ciudad al sur de Ucrania, el 27 de diciembre de 1934, Larisa actualmente radica en Obninsk a dos horas de Moscú, vive en el campo, tranquila con su legado.