Los Juegos Olímpicos Tokyo 2020 serán muy especiales para la clavadista Paola Espinosa porque tuvo que aprender a combinar, desde hace cuatro años, el ser atleta de alto rendimiento, mamá y el sueño de ir a su quinta justa para lograr su tercera presea que va dedicada a su hija Ivana.

“Se pueden hacer muchas cosas a la vez, somos fuertes, valientes, y que somos increíbles, que si pudimos dar vida, podemos hacer muchas cosas.

“Estar parada en un trampolín tratando de hacer un clavado perfecto y de saber que más de 25 años haciendo lo que más me gusta, ahora en otra etapa como mamá lo sigo disfrutando y lo sigo haciendo bien”, señala la mexicana.

Paola nunca pensó en dejar los clavados, pero sí tuvo que incorporarse al mes y medio de dar a la luz porque tenía metas por cumplir en el deporte, además de ser un ejemplo al demostrar que la maternidad no es un obstáculo para realizarse profesionalmente.

“La maternidad no está peleada con seguir cumpliendo tus sueños; que es difícil, que es muy cansado, que es muy triste en ocasiones, desgarra el corazón, desgarra el alma cuando tienes que hacer sacrificios grandes, pero que aún así la recompensa es increíble, yo quiero que mi hija vea esos valores de su mamá”, declara con orgullo Espinosa.

Aunque la sudcaliforniana deseaba que su hija estuviera en las gradas del centro acuático Tatsumi para verla ganar la medalla, la pandemia evitará este plan, pero la tendrá presente en cada ejecución que realice en el trampolín.

“Eso no me quita la ilusión de que voy a llegar a México y también le voy a colgar esa medalla, si es que se puede, y finalmente mi hija siempre va estar presente en esta ocasión, ya sea por la televisión o por otro medio, pero va a estar ahí, estoy segura que me verá, la pandemia me enseñó que a veces las cosas luego no son como las planeamos”, concluyó la medallista olímpica.